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Bangkok

Comenzamos nuestra Aventura por Tailandia, Bangkok Primer Día

Nuestra travesía por Tailandia comenzó en su vibrante capital, Bangkok. Aterrizamos a las 07:30 de la mañana, tras un vuelo de 6 horas desde Dubái y con un desfase horario de +3 horas.

Para nuestros cuerpos aún eran las 4 de la madrugada, y aunque el avión fue muy cómodo y silencioso en comparación con el anterior, no pudimos dormir mucho.

El desembarco fue sorprendentemente rápido, y en pocos minutos ya estábamos en la terminal.

Lo primero que hicimos fue pasar por el control de pasaportes, entregando un formulario que nos habían dado en el avión.

Este documento tiene dos partes: una se queda en inmigración a tu llegada, y la otra, sellada, te la devuelven grapada al pasaporte para presentarla a la salida.

El trámite fue fluido, y en unos 15 minutos ya estábamos recogiendo nuestras maletas, que ya desfilaban por la cinta.

Con las maletas en mano, el siguiente paso fue hacernos con la moneda local. En la misma sala de recogida de equipaje hay cajeros y casas de cambio, aunque el tipo de cambio no era el mejor, decidimos cambiar algo de dinero para tener efectivo local desde el principio.

Pasar por aduanas fue rápido y sin contratiempos, y en el hall de salidas aprovechamos para comprar una tarjeta SIM local con DTAC.

El precio fue increíble: 549 Bahts (alrededor de 14 euros) por 4.5 GB de datos y 100 bahts en llamadas, ¡una ganga! Esto era ideal para nosotros, ya que lo más importante era tener internet móvil para mantenernos conectados durante el viaje.

En la misma tienda, te configuran el teléfono y sales con el servicio funcionando, una auténtica maravilla.

Ya conectados, salimos al encuentro de nuestro guía de Siam Trails, la agencia que organizó nuestro tour por Tailandia. Nos esperaba con una van para llevarnos al hotel, pero el trayecto, aunque cómodo, fue largo debido al intenso tráfico de Bangkok, lo que nos tomó cerca de una hora.

A pesar del cansancio, estábamos emocionados por todo lo que nos esperaba en este increíble país.

Explorando Bangkok: Primeras Horas en la Ciudad

Después de hacer el check-in en nuestro hotel, nos informaron que la habitación aún no estaba lista, así que decidimos aprovechar el tiempo para comenzar a explorar Bangkok.

Nos refrescamos un poco, dejamos las maletas bajo custodia y salimos a descubrir la ciudad.

Bangkok

Nuestro primer destino fue una casa de cambio que habíamos investigado previamente, conocida por ofrecer uno de los mejores tipos de cambio en Bangkok.

Con más moneda local en mano, tomamos el Skytrain, un moderno metro elevado que es ideal para moverse por la ciudad.

Rápidamente aprendimos a usar las máquinas expendedoras de billetes y nos dirigimos hacia la zona de los centros comerciales, concretamente al famoso MBK Center. Este gigantesco centro es un imán para turistas, conocido por su amplia oferta de productos y, en particular, por su venta de imitaciones y falsificaciones.

MBK Center.

El MBK tiene tres áreas bien definidas: una que se asemeja a los grandes almacenes tradicionales, otra que recuerda al Mercado de la Seda en Pekín, llena de pequeñas tiendas con ropa, calzado y relojes dirigidos a los turistas, y finalmente, una zona dedicada al ocio y la gastronomía, con cines y una gran variedad de restaurantes distribuidos en dos plantas.

Una planta tiene opciones internacionales y la otra está más orientada a la comida thai.

Para almorzar, optamos por un restaurante con una fórmula original: al entrar, te entregan una tarjeta magnética que utilizas en los distintos puestos de comida, donde puedes elegir entre platos thai, japoneses, italianos, griegos, vegetarianos, bebidas y postres.

Cada plato tiene su precio, lo pides, te lo cargan en la tarjeta, y pagas al salir. Manoli optó por un pollo a la plancha, mientras yo me dejé tentar por unos deliciosos noodles con verduras y pollo. El servicio fue impecable; nos trajeron la comida directamente a la mesa y estuvieron siempre atentos a si necesitábamos algo más. Todo esto por 470 bahts (menos de 12 euros).

Después de comer, exploramos el centro comercial y sus alrededores, donde encontramos numerosos puestos de comida callejera con mesas para comer al aire libre.

Además, había muchos vendedores de frutas frescas, que pelaban y servían en pequeñas bolsas con un palillo para disfrutar mientras paseabas. No pudimos resistirnos a probar una jugosa sandía, que estaba deliciosa.

Con el cansancio comenzando a hacer efecto, tomamos nuevamente el Skytrain de vuelta al hotel, donde nuestra habitación ya estaba lista.

Finalmente, llegó el momento de disfrutar de una ducha revitalizante y descansar antes de continuar con nuestra aventura por esta fascinante ciudad.

Noche en Bangkok: Explorando Patpong y su Famoso Mercado Nocturno

Después de un merecido descanso, nos aventuramos hacia una de las zonas más conocidas de Bangkok, Patpong, famosa por su animado mercado nocturno y sus bares con espectáculos, incluidos los legendarios «shows de ping pong» (si tienes curiosidad, puedes indagar en YouTube para más detalles).

El ambiente en Patpong es único, lleno de vida y energía, con una mezcla de lo tradicional y lo moderno.

Patpong Bangkok

El mercadillo ofrece todo tipo de productos: desde artesanías locales y souvenirs hasta imitaciones de marcas famosas, todo perfectamente organizado y fácil de recorrer.

Afortunadamente, no había demasiada gente, quizá porque era lunes, lo que nos permitió pasear cómodamente entre los puestos, explorando a nuestro ritmo y disfrutando del bullicio nocturno sin aglomeraciones.

Después de un paseo agradable, hicimos una rápida parada en un 7-Eleven para comprar algo de comida antes de regresar al hotel.

Sabíamos que necesitábamos descansar bien, ya que el día siguiente prometía estar lleno de nuevas aventuras y emocionantes visitas por descubrir en esta fascinante ciudad.

Patpong Bangkok

Segundo Día en Bangkok: Explorando la Ciudad por Nuestra Cuenta

Lumpini Park un oasis urbano

Lumpini Park Bangkok

Después de un delicioso desayuno en el hotel, nos lanzamos a recorrer Bangkok por nuestra cuenta. Decidimos empezar el día visitando Lumpini Park, un pulmón verde en el corazón de la ciudad, al que llegamos caminando desde el hotel, esquivando el tráfico matutino que, como es habitual en Bangkok, es constante y frenético.

Lumpini Park es un oasis urbano, con su lago lleno de barquitas y senderos donde locales y turistas se relajan o pasean. El parque nos sorprendió por lo bien cuidado y limpio que está.

Aunque era temprano y los puestos de comida aún estaban cerrados, disfrutamos del silencio, solo interrumpido por los sonidos de la naturaleza. Eso sí, caminamos con cuidado, ya que el parque es hogar de grandes lagartos que deambulan tranquilamente entre los visitantes, una experiencia muy curiosa.

Lumpini Park Bangkok

Después de disfrutar del parque, nos dirigimos a la estación del Skytrain para sumergirnos en una actividad esencial para cualquier viajero: ¡el shopping!.

Visitamos algunos centros comerciales, donde descubrimos una mezcla de productos típicos tailandeses, como pescados salados y especias, además de curiosidades como el famoso durian, una fruta muy apreciada pero de olor tan peculiar que está prohibido llevarla en el metro.

Aunque se dice que su aroma es insoportable, a nosotros no nos pareció tan fuerte, más bien tenía un toque cítrico.

Chinatown, el barrio chino de Bangkok

Tras algunas compras, y con el estómago pidiendo una pausa, comimos algo ligero y nos dirigimos a Chinatown, el barrio chino de Bangkok.

Este lugar es un verdadero festín para los sentidos, con mercadillos repletos de productos típicos chinos: especias, bálsamos, y otros tesoros exóticos.

Las coloridas construcciones y el ambiente caótico nos recordaron nuestras aventuras pasadas en China, ¡un viaje en el tiempo!

Al terminar de explorar Chinatown, decidimos tomar un taxi y aquí viene un dato interesante que aprendimos: si coges un taxi en la puerta de un hotel, es probable que te cobren más porque el hotel se lleva una comisión.

Además, algunos taxistas intentan negociar en lugar de usar el taxímetro, así que asegúrate de preguntar antes de subir. Esta vez no tuvimos problemas, el taxista accedió a usar el taxímetro y nos llevó hasta Khao San Road, la famosa zona de mochileros.

Khao San Road, zona de mochileros.

Khao San es un espectáculo en sí mismo, con sus calles llenas de comida callejera, bares y puestos que venden todo tipo de insectos exóticos para los más aventureros.

Nos animamos a probar el saltamontes. sorprendentemente, sabían un poco a gamba, aunque la textura crujiente recuerda más a comerse algo con cáscara. Más tarde, para recuperar energías, disfrutamos de un delicioso plato de pad thai con pollo, una verdadera delicia.

Para cerrar el día, intentamos tomar otro taxi de vuelta al hotel, pero el primer taxista quiso cobrarnos una tarifa fija sin usar el taxímetro, así que lo dejamos pasar.

El segundo taxista aceptó usarlo y, al llegar, el precio fue menos de la mitad de lo que nos pedía el anterior, la sumamos una buena propina y así que nos fuimos todos contentos.

Estos dos días nos han permitido sumergirnos en el ritmo de Bangkok: ya nos sentimos más cómodos con la moneda, los precios y los medios de transporte.

También empezamos a acostumbrarnos al calor húmedo, a los sabores únicos de la comida local y a los aromas tan característicos de la ciudad.

Mañana empezamos el tour por los principales templos y monumentos de Bangkok, ¡así que seguiremos contando nuestras aventuras!

Tercer Día en Bangkok: Explorando Templos, Historia y Canales

Hoy comenzamos nuestro esperado tour guiado por los principales atractivos de Bangkok, y conocimos a nuestro guía Chan y al conductor que nos acompañará durante todo el viaje hasta Chiang Mai.

Además, nos presentaron a nuestros compañeros de aventura, Francisco Javier y Eva, una pareja de Alicante. Al ser solo cuatro personas en un cómodo vehículo para ocho pasajeros, el tour se sintió prácticamente privado, lo que nos permitió movernos de manera más ágil y disfrutar al máximo cada parada.

Gran Palacio Real de Bangkok

Nuestra primera visita fue al Gran Palacio Real de Bangkok, una joya arquitectónica y cultural que fue residencia de la familia real hasta 1925.

Aunque hoy en día es un monumento abierto al público, la majestuosidad de sus templos y edificios sigue cautivando a todos los que lo visitan.

Chan nos explicó cómo el país pasó de ser el Reino de Siam, que abarcaba Tailandia, Camboya, Laos y Birmania, a la actual Tailandia, tras las divisiones hechas por los colonizadores británicos y franceses.

Aprendimos también sobre la religión budista, los símbolos de Buda y los impresionantes demonios de diez caras que custodian los templos.

A pesar del intenso calor y la alta humedad que nos acompañaba, nos maravillamos con la riqueza de detalles en cada construcción: tejados adornados con figuras de pájaros míticos, intrincadas incrustaciones de oro y coloridas pinturas.

Uno de los puntos más impresionantes fue el Wat Phra Kaew, que alberga el venerado Buda Esmeralda, una talla de jade de 48 cm que es cambiada de vestimenta según las estaciones, en una ceremonia presidida por un miembro de la familia real.

Wat Phra Kaew, Buda Reclinado

De allí, nos dirigimos a otro de los templos más icónicos de Bangkok, el Wat Pho, famoso por su gigantesca imagen del Buda Reclinado, de 43 metros de largo.

Este templo también alberga la escuela de masaje más antigua de Tailandia, una parada obligada para los que buscan conocer más sobre el arte del masaje tailandés.

Buda Reclinado Bangkok

Navegando por el Río Chao Phraya

Después de estas visitas culturales, nos dirigimos al embarcadero del río Chao Phraya, donde nos subimos a una barca tradicional para explorar los canales que rodean la ciudad.

Estos canales, construidos hace más de dos siglos, forman parte integral de la vida cotidiana de muchos tailandeses, que viven en casas sobre el agua y utilizan las barcas como medio de transporte.

Durante el paseo, pequeñas embarcaciones se nos acercaban para ofrecernos frutas, souvenirs e incluso bebidas desde el curioso «Seven Eleven flotante».

La experiencia fue auténtica y encantadora, ya que los vendedores no eran insistentes y nos permitieron disfrutar del recorrido a nuestro ritmo.

Wat Arun, el Templo del Amanecer

El último destino del día fue el Wat Arun, conocido como el Templo del Amanecer, famoso por sus pagodas decoradas con porcelana china.

Aunque parte del templo estaba en restauración, su belleza seguía siendo impresionante.

Aquí Chan nos habló sobre las diferencias en las representaciones de Buda según la escuela a la que pertenezcan (Bangkok, Ayutthaya o Sukhothai), además de otros aspectos culturales, como la importancia de no tatuarse la imagen de Buda o las reglas de respeto cuando se le transporta.

Finalmente, volvimos a la van, donde nuestro conductor, siempre atento, nos recibió con agua fresca y toallitas húmedas para refrescarnos, un detalle que fue muy apreciado tras el calor del día.

Cabe destacar la amabilidad de la gente en general; aunque el nivel de inglés en algunos lugares es limitado, la sonrisa y la disposición de los tailandeses hacen que la comunicación fluya de manera sorprendente.

Templo del Buda de Oro o Wat Traimit

Después de las visitas programadas, le pedimos a Chan que nos dejara en el corazón de Chinatown, con la intención de visitar el famoso Templo del Buda de Oro o Wat Traimit.

Ayer solo lo habíamos visto desde fuera, ya que estaba cerrado, pero hoy pudimos admirar la impresionante imagen de Buda en oro macizo más grande del mundo, que pesa nada menos que 5,5 toneladas.

Además de la impresionante figura de Buda, desde el templo disfrutamos de unas vistas espectaculares sobre el bullicioso barrio chino de Bangkok.

Después de la visita, nos adentramos en las vibrantes calles de Chinatown, donde el comercio estaba en pleno apogeo.

Pasamos entre puestos de comida callejera con todo tipo de delicias, desde brochetas hasta frutas exóticas.

Decidimos probar unas brochetas que tenían muy buena pinta, pero nos olvidamos de mencionar que preferíamos algo menos picante.

El vendedor le echó una salsa que resultó ser bastante fuerte, ¡y vaya que picaba! A pesar de que intentamos calmar el ardor con una Coca-Cola, el sabor picante seguía presente.

Estaban riquísimas, pero la próxima vez pediremos un poco menos de picante.

Cambio de Planes por la lluvia.- Visita a Mercadillos

Más tarde, teníamos planeado ir por la noche al Sky Bar Sirocco, en la planta 64 del hotel Lebua, famoso por sus increíbles vistas panorámicas de la ciudad y por haber sido uno de los escenarios de la película «Resacón en Las Vegas».

Sin embargo, justo cuando estábamos a punto de salir, una tormenta tropical comenzó a descargar con furia. Rayos, truenos y una lluvia torrencial nos obligaron a cambiar los planes.

Esperamos más de una hora a que terminara, pero finalmente decidimos salir a explorar la zona cercana y cenar algo en los mercadillos que aparecieron tan pronto como la lluvia cesó.

Bangkok nunca decepciona con su oferta culinaria, y después de cenar, hicimos una parada en uno de los omnipresentes Seven Eleven, que son como pequeños supermercados que puedes encontrar en cada esquina.

Descubrimos que preparaban cafés helados de diferentes tipos, así que decidimos probarlos. Yo opté por uno de moka, y Manoli eligió un café de chocolate con Oreo. Ambos estaban deliciosos y, para rematar, añadimos un par de donuts de chocolate.

Lo mejor fue el precio: los dos cafés y los donuts nos costaron solo 130 Bahts, unos 3 euros en total. ¡Así da gusto viajar!

Con esto nos despedimos por hoy, satisfechos y listos para la siguiente aventura. Mañana arrancamos temprano con el tour hacia Kanchanaburi y el famoso puente

Siguiente Etapa

Etapas de nuestro viaje por Tailandia

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