Llegada a Londres desde Washington
Después de un vuelo de poco más de 7 horas desde Washington, aterrizamos en el aeropuerto de Heathrow a las 7 de la mañana, hora local de Londres, aunque para nosotros eran las 2 de la madrugada.
Con todo el día por delante y el jet lag a cuestas, nos dispusimos a comenzar nuestra aventura londinense.
Primer contacto con el transporte de Londres
Nuestro primer objetivo fue tomar el metro desde Heathrow hasta nuestro hotel.
Aunque el «Tube» es conocido por ser una forma eficiente de moverse por Londres, nuestra experiencia inicial fue mixta.
Si bien es cierto que el metro llega directamente al aeropuerto y no tuvimos que hacer transbordo, los vagones resultaron ser bastante estrechos y, con 23 paradas hasta nuestro destino, la falta de espacio y la multitud de pasajeros hicieron el viaje incómodo.
Sin embargo, logramos llegar cerca de nuestro hotel, donde pudimos dejar nuestras maletas antes de comenzar a explorar.
Recogiendo el London Pass y explorando Trafalgar Square
Lo primero que teníamos que hacer en Londres era recoger nuestras London Pass, unas tarjetas que permiten el acceso a numerosos monumentos y atracciones.
Elegimos la opción de dos días, más que suficiente para nuestra visita.
Recogimos las tarjetas cerca de Trafalgar Square, así que aprovechamos para explorar este emblemático punto de la ciudad.
Trafalgar Square es famosa por sus fuentes, los impresionantes leones de piedra y el monumento a Nelson.
Desde aquí, pudimos empezar a impregnarnos del ambiente londinense, con las icónicas imágenes de autobuses rojos de dos pisos y las tradicionales cabinas telefónicas.
Un paseo por Westminster: Big Ben, el Parlamento y la Abadía de Westminster
Después de disfrutar de Trafalgar Square, nos dirigimos hacia uno de los puntos más icónicos de Londres: el Palacio de Westminster y su famoso reloj, el Big Ben.
Durante nuestro paseo, también tuvimos la oportunidad de ver la Abadía de Westminster, tanto su impresionante fachada lateral como su entrada principal, un verdadero espectáculo arquitectónico.



En el camino, pasamos por las Caballerizas Reales y la residencia oficial del primer ministro británico en el famoso 10 de Downing Street, aunque solo pudimos observar desde lejos, ya que la calle está fuertemente custodiada y vallada.
Cambio de moneda y consejos prácticos
Uno de los temas prácticos que debíamos resolver era el cambio de moneda.
A diferencia de Estados Unidos, en Londres es más rentable cambiar euros por libras en las casas de cambio que utilizar cajeros automáticos.
Según los foros que consultamos, el mejor lugar para hacer esto era cerca de la estación Victoria, donde obtuvimos un tipo de cambio bastante justo.
Sin embargo, no deja de sorprender cómo la conversión de moneda afecta el presupuesto, ya que cambiar a libras implica una pérdida aproximada del 25%.
Paseo por el Támesis y el London Eye
Una vez con libras en mano, volvimos a la zona del Parlamento y el río Támesis para disfrutar de las vistas del London Eye, la gigantesca noria que se ha convertido en un símbolo moderno de la ciudad.
Sin embargo, la experiencia de caminar por esta zona fue algo decepcionante, ya que estaba llena de vallas y barreras debido a una manifestación próxima, lo que dificultaba moverse con comodidad.
Descanso en el hotel y la hospitalidad española
Después de tantas horas sin dormir, decidimos regresar al hotel para descansar.
Aquí queremos destacar la amabilidad del personal de recepción, en especial de Víctor, un compatriota español que se encargó de que nuestra habitación estuviera lista antes de lo previsto, permitiéndonos recuperar energías para continuar explorando la ciudad.
Atardecer y vistas nocturnas en Londres
Con algo de descanso a nuestras espaldas, salimos al atardecer a explorar la zona de Piccadilly Circus, el epicentro de la vida nocturna londinense, comparado a menudo con Times Square en Nueva York.
Las luces de neón, los carteles publicitarios y el bullicio de la ciudad nos dieron una dosis de energía para seguir disfrutando de Londres.
Desde allí, paseamos nuevamente hacia el río, atravesando Trafalgar Square y contemplando las vistas nocturnas de los edificios históricos.
Cruzamos algunos de los puentes que atraviesan el Támesis para capturar espectaculares fotos nocturnas del Parlamento y el Big Ben iluminados, una experiencia visual que no decepciona.



Preparándonos para más aventuras
Finalmente, con las luces de Londres como telón de fondo, regresamos al hotel. El jet lag seguía haciendo estragos, pero sabíamos que el día siguiente nos depararía aún más descubrimientos en esta fascinante ciudad.
Este es solo el comienzo de nuestra experiencia en Londres, una ciudad llena de historia, monumentos icónicos y, por supuesto, pequeños retos logísticos que cualquier viajero debe conocer.






